La abogada estadounidense Kristin Duffy reclama el uso sistemático del lenguaje claro en las papeletas electorales para garantizar que la ciudadanía entienda realmente qué está votando. En un artículo publicado en el Michigan Bar Journal, Duffy sostiene que la comprensión del texto no es un detalle técnico, sino un requisito democrático básico. Porque si las personas no entienden las propuestas, el sentido mismo del voto queda en entredicho.
El análisis parte de la legislación del estado de Michigan, que exige que las preguntas sometidas a votación utilicen palabras de uso común, expliquen el contenido sin tecnicismos innecesarios y permitan identificar con claridad qué supone votar ‘sí’ o ‘no’. En el caso de las propuestas estatales, además, existe un límite de 100 palabras y una revisión centralizada, lo que favorece textos más claros y estructurados. Según Duffy, estos condicionantes han demostrado que es posible informar bien sin recurrir a un lenguaje farragoso.
La situación cambia en el ámbito local, donde no hay límites de extensión y la redacción depende de más de 1.600 autoridades distintas. El artículo pone como ejemplo una propuesta fiscal de casi 200 palabras y una frase inicial de más de 100, cargada de referencias legales innecesarias. Frente a ello, Duffy muestra una versión alternativa, redactada en lenguaje claro, que reduce la extensión, explica costes concretos para el votante y mantiene todos los requisitos legales.

